'Anfibios' - teatro - (2011) 

 

En unas instalaciones de baño del siglo 19, que cayeron en desuso en los años 60 y se abrieron de nuevo al público en 1994 como ‘Teatro Bridewell’, es donde se representó “Anfibios” – la historia de dos nadadores que se conocen en la adolescencia y cuyos caminos posteriormente se separan.

 

La gran piscina vacía sirve como escenario, la obra viste con trajes de baño a un reparto que se desliza y balancea al son de una palpitante música. Luces y vídeos se proyectan por todo el espacio, sobre taquillas y parrillas de salida. Y al espectador se le dan toallas para que se siente en lugar de cojines.

 

Las actuaciones centrales son convincentes: la Elsa de Louise Ford sabe equilibrar la fragilidad de una campeona con la terrenalidad de una persona que anhela tener una relación más allá de la piscina; Sam Heughan como Max, muestra la arrogancia de un pedante que cree demasiado en sí mismo, y cómo esto puede llevarte al borde de la auto destrucción. Los dos hacen un gran trabajo mostrando la incipiente relación entre ellos cuando eran adolescentes, y las dudas de los jóvenes que se enfrentan a la elección de su propio destino.

 

Los cuerpos son aludidos, pero no destacados como lo importante de la obra. El momento más profundo se hace creíble gracias a la gran condición física de Elsa (Louise Ford) y a la particularmente esculpida figura de Max (Sam Heughan) Heughan interpreta un personaje alterado, impredecible, irascible, pero al mismo tiempo, dependiente. Los dos embrollan sus encuentros continuamente, metiendo un dedo (se podría decir) en las aguas de la nostalgia, aunque el por qué no queda claro. 


 

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